El fideicomiso, explicado sin miedo
El fideicomiso es la palabra que más asusta y la que menos debería. En pocas palabras: un banco mexicano autorizado aparece como titular de la propiedad ante el registro, pero usted es el beneficiario, y como beneficiario tiene todos los derechos de un dueño. Usted decide todo, usted la disfruta, usted se queda con lo que produzca si la renta, y usted decide cuándo y a quién venderla. El banco no puede usarla, ni venderla, ni tocarla: solo obedece sus instrucciones. Piénselo como una escritura a su favor puesta a resguardo de una institución seria.
Para constituirlo se necesita un permiso de la Secretaría de Relaciones Exteriores, que el notario y el banco tramitan por usted. El fideicomiso dura 50 años y se renueva por otros 50 cuantas veces haga falta, así que en la práctica es indefinido; renovarlo es un trámite, no una nueva compra.
Tiene una ventaja que a mucha gente le sorprende: en el propio contrato usted nombra a quién pasa la propiedad si usted falta (sus hijos, su pareja, quien decida). Eso evita el juicio de sucesión en México y le ahorra a su familia tiempo y dinero. Es, para muchos compradores extranjeros, una de las mejores razones para usarlo aunque no fuera obligatorio.
- Usted es el beneficiario y manda sobre todo: usar, rentar, remodelar, vender, heredar.
- El banco solo es titular de resguardo; no puede disponer de la propiedad.
- Dura 50 años, renovable por otros 50, tantas veces como quiera.
- Tiene un costo inicial (al abrirlo) y una cuota anual al banco; varían de un banco a otro, así que conviene comparar. Nosotros le ayudamos a pedir cotizaciones.
- Permite nombrar beneficiarios sustitutos y saltarse el juicio de sucesión.
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